Con todo mi cariño y admiración, en el día de su cumpleaños, a ese gran hombre que llegó a mi vida para volverse ejemplo de tenacidad y lucha... Gracias.
Fue un lunes veraniego, sí, un lunes de 1973, el día era sin
temor alguno, extremadamente cálido, pues ni las inminentes lluvias de la época
hacen ceder las altas temperaturas de la “perla de la mixteca poblana”, el
lugar que te vio nacer. Tras varios meses de espera y con la bendición de la
virgen del Carmen, tú llegaste a este mundo el 16 de julio de aquel año. Tu madre, sin duda una extraordinaria fémina, debió ser, desde ese momento y para
la eternidad, la mujer más dichosa sobre la faz de la tierra; no era para
menos, ella dio al universo al gran hombre que a 41 años de distancia eres tú.
El mundo y muy a la ligera, podrá juzgar lo contrario, sin
embargo, sólo quienes en verdad te conocen saben que eres una maravillosa persona,
llena de luz y de alegría. Un hombre de lucha e incansable aprendiz de la vida…
Con errores, sí, muchos; pero superados por las innumerables virtudes que te
hacen único.
Sería fácil enlistar tus tropiezos, pero es mejor exaltar
tus triunfos; de los primeros no hay humano que esté exento, al final eso es la
vida, caer, caer y caer. Pero los éxitos, los éxitos nadie los regala, son el
fruto de la lucha, el hambre, la perseverancia y la constancia por “ser” en
este mundo de circunstancias tan complejas. Quizás para el grueso de la
población seas tan común como cualquier otro, no así para aquellos que conocen
tu historia y tu pasado, tus batallas y tus guerras, tus caídas y tus derrotas;
pero sobre todo, que saben que eres un guerrero incapaz de claudicar a la
adversidad.
Pero no sólo tus logros te engrandecen, lo que realmente te
hace grande es aquella invaluable capacidad que tienes para dar felicidad a los
demás; aún en los momentos más difíciles de la existencia, tus palabras son el
mejor aliento para los corazones desolados, tus abrazos el refugio idóneo para
las aflicciones, tus chistes el antídoto a cualquier tristeza, y tus
experiencias; sí tus experiencias, son la vida misma.
Afortunados son aquellos que en su andar te han encontrado,
porque ellos son los testigos que pueden dar fe del gran hombre que a lo
largo de 41 años la vida ha forjado, porque ellos son los únicos que pueden
probar la nobleza de un corazón sencillo y leal, capaz de amar sin límites; y son
también quienes pueden corroborar que eres un ángel en la tierra.
Sean pues todas tus virtudes las que te hagan trascender en
esta vida, las que continúen escribiendo tu historia, las que sigan haciendo
feliz a la gente y las que inspiren a grandes hombres como TÚ.